Reseña del libro "La resistencia de los dinosaurios"
Estas humildes páginas que presumen de libro no intentan dirimir quién tiene razón. Parten de una sospecha más incómoda: que jóvenes y viejos no discuten ideas, sino tiempos.
Cada generación mira al mundo desde una ventana distinta y está absolutamente convencido que la suya es la más clara.
Los jóvenes avanzan con la urgencia de quién siente que todo es posible y que el futuro es un territorio virgen al que hay que llegar y tomarlo cuanto antes.
Los viejos, en cambio, observan con la cautela de quién ya ha visto promesas cumplirse a medias, ideales deformarse por conveniencias y certezas absolutas caer sin hacer el menor ruido.
Donde unos ven límites injustos, otros reconocen advertencias. Donde unos reclaman cambios inmediatos, otros piden tiempo, no siempre por ser conservadores, sino por tener memoria.
Entre ambos no hay sólo una diferencia de criterios, sino de ritmos, de lenguaje y de miedos.
Miedo a perder lo que todavía no se consiguió, en unos; miedo a perder lo que tanto costó conseguir, en otros.
Esa tensión atraviesa familias, trabajos, la cultura, la política y hasta las conversaciones más íntimas.
A menudo se disfraza de intolerancia, cuando en realidad es incomprensión.
Este texto se propone habitar ese espacio de fricción, no para cerrar la grieta, sino para iluminarla.
Para escuchar lo que cada edad calla cuando discute y lo que defiende sin saberlo cuando se obstina.
Porque tal vez comprender al otro no consista en convencerlo, sino en aceptar que ambos están viendo el mismo paisaje, pero desde otra hora del día, con otra luz y otras sombras.
Si este libro logra algo, ojalá sea eso: que jóvenes y viejos, al verse reflejados en sus páginas, descubran que no están parados en veredas opuestas, sino en distintos momentos del mismo camino.
El Autor