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La Melodia del Tiempo
Jose Luis Perales (Autor) · Debolsillo · Tapa Blanda
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$ 347.18La primera novela de Jos Luis Perales narra la historia de unpueblo castellano a lo largo de tres generaciones. Un homenaje a lavida del campo a travs de una novela coral sobre el amor, las ra¡cesy las relaciones entre padres e hijos.
El Castro es unpueblo tradicional de Castilla que, durante mucho tiempo, se haresistido a caer en el olvido. Los habitantes han so¤ado, vivido yamado por sus calles de tierra, a la sombre de los olmos centenarios,frente a la vieja iglesia de San Nicol s o en el mirador alto que daal r¡o. Pero, aunque los a¤os pasan y los m s antiguos del lugar venc¢mo sus descendientes abandonan las casas que les vieron nacer,siempre hay alguien que regresa para hacer frente a la nostalgia yrecordar cada una de sus historias. Como el primer amor de EvaristoSalinas, el relojero sordomudo, o el largo viaje de Victorino Caba¤asen globo aerost tico, o la pasi¢n de Claudio Pedraza truncada por elestallido de la guerra, o la belleza legendaria de la gitana C¡ngara y su local excavado en una cueva...
Historias que son tambin elrelato del siglo XX en Espa¤a con El Castro como testigo yprotagonista principal de un libro que llegar al coraz¢n de loslectores.
Llegaron al mirador. Tomaron asiento en un bancode piedra bajo el olmo centenario que desde el principio del mundoestaba plantado all¡.
-Al menos -dijo Juan Luna- eso es loque los viejos nos contaban a los chicos cuando ramosni¤os.
-En verdad -contest¢ Jos Pedraza-, nunca seentender¡a el mirador sin este olmo. Testigo de mil historias contadas o vividas bajo su sombra en verano, o como paraguas protector de lalluvia en los d¡as oscuros y fr¡os del invierno. Cu ntas escenas deamor habr contemplado. Cu ntos besos. Cu ntos abrazos de adolescentes antes de que se encendieran las luces de las calles al anochecer,hora de llevar a las chicas a casa.
-Y cu ntas despedidas-apostill¢ Juan Luna-. Aunque el m s hermoso del pueblo era el olmo de la plaza. All¡ se situaban discretamente las madres, el d¡a de lafiesta, para observar con quin y c¢mo bailaban sushijas.
-O el olmo de la plaza de la iglesia -dijo JosPedraza-. Donde, a su sombra, las mujeres tej¡an la lana, cos¡an oremendaban los pantalones, y daban la vuelta a los cuellos de lascamisas de sus hijos para devolverles el aspecto de nuevas, o hac¡anencaje de bolillos a tal velocidad que no se les ve¡an las manos, yzurc¡an sus medias con un huevo de madera, ¨recuerdas?
Una obra llena de sensibilidad, escrita con talento, emoci¢n yternura.
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