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    portada Mano de la Buena Fortuna, la
    Formato
    Libro físico
    Editorial
    Categoría
    Literatura
    Año
    2013
    Idioma
    Español
    N° páginas
    332
    Encuadernación
    Tapa blanda
    Isbn
    9786077781417
    Isbn13
    9786077781417
    N° edición
    1

    Mano de la Buena Fortuna, la

    Goran Petrovic · Sexto Piso

    Libro Nuevo

    $ 200

    • Estado: Nuevo
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    Reseña del libro

    La Mano de la Buena Fortuna es ya un libro de culto. Miles de lectores se han sumergido en él buscando ese maravilloso concepto inventado por el autor: el de la lectura total. Son pocos los elegidos que lo logran. Los que lo hacen, se percatarán de que al interior de las páginas uno puede encontrarse con las personas que están leyendo el mismo libro en ese preciso instante. Pero esto ... Ver más Ocultar La Mano de la Buena Fortuna es ya un libro de culto. Miles de lectores se han sumergido en él buscando ese maravilloso concepto inventado por el autor: el de la lectura total. Son pocos los elegidos que lo logran. Los que lo hacen, se percatarán de que al interior de las páginas uno puede encontrarse con las personas que están leyendo el mismo libro en ese preciso instante. Pero esto no termina ahí, si se agudiza la sensibilidad y se aprende a callar ese pesado y confuso ruido de la vida cotidiana, el lector puede ensanchar los márgenes de la lectura. Encontrar olores, emociones, paisajes que el escritor no describe. Y así, cada libro, cada lectura, es una puerta a una dimensión individual en la que uno se apropia tanto del libro, como el libro se apropia de uno. Ése fue el método mediante el cual Anastas Bránica, autor del libro Mi legado, trató de construir un refugio para su amada. Un lugar en el que pudieran escapar de la institutriz de ésta, que buscaba adiestrarla para un matrimonio convenido. Así, Anastas Bránica se dio a la tarea de escribir una novela que fuera un recinto, un templo, un santuario en el que pudieran escapar de sus nombres, de las pesadas ataduras sociales, de la gran guerra y, sobre todo, en el que pudieran dar rienda suelta a su amor sin la mirada de los otros que todo enturbia. Como todo camino hacia la dicha, la lectura tiene sus peligros: oscuros merodeadores que pueden acechar la intimidad, espías que utilizan la lectura simultánea como trampas para atrapar a sus enemigos, y el más peligroso de todos: el olvido. El olvido de la lengua, el olvido de la magia de los encuentros a distancia una vez que se regresa al mundo real, el olvido de los detalles que, llenos de sustancia, combaten el inclemente deslizarse del tiempo que termina por corromper cualquier afán humano. La pluma de Petrovi es la de un genio. Un hombre capaz de traspasar las capas de la materia para observar la morada de la esencia humana. «Acertar y atinar la verdadera proporción de la levedad y la gravedad es el secreto de todas las cosas», nos dice el escritor serbio. Cada palabra, cada rincón sublime o secreto develado en La Mano de la Buena Fortuna ha sido calibrado con el ahínco de un artesano para darle al lector la posibilidad de emprender un viaje que jamás olvidará. La Mano de la Buena Fortuna es ya un libro de culto. Miles de lectores se han sumergido en él buscando ese maravilloso concepto inventado por el autor: el de la lectura total. Son pocos los elegidos que lo logran. Los que lo hacen, se percatarán de que al interior de las páginas uno puede encontrarse con las personas que están leyendo el mismo libro en ese preciso instante. Pero esto no termina ahí, si se agudiza la sensibilidad y se aprende a callar ese pesado y confuso ruido de la vida cotidiana, el lector puede ensanchar los márgenes de la lectura. Encontrar olores, emociones, paisajes que el escritor no describe. Y así, cada libro, cada lectura, es una puerta a una dimensión individual en la que uno se apropia tanto del libro, como el libro se apropia de uno. Ése fue el método mediante el cual Anastas Bránica, autor del libro Mi legado, trató de construir un refugio para su amada. Un lugar en el que pudieran escapar de la institutriz de ésta, que buscaba adiestrarla para un matrimonio convenido. Así, Anastas Bránica se dio a la tarea de escribir una novela que fuera un recinto, un templo, un santuario en el que pudieran escapar de sus nombres, de las pesadas ataduras sociales, de la gran guerra y, sobre todo, en el que pudieran dar rienda suelta a su amor sin la mirada de los otros que todo enturbia. Como todo camino hacia la dicha, la lectura tiene sus peligros: oscuros merodeadores que pueden acechar la intimidad, espías que utilizan la lectura simultánea como trampas para atrapar a sus enemigos, y el más peligroso de todos: el olvido. El olvido de la lengua, el olvido de la magia de los encuentros a distancia una vez que se regresa al mundo real, el olvido de los detalles que, llenos de sustancia, combaten el inclemente deslizarse del tiempo que termina por corromper cualquier afán humano. La pluma de Petrovi es la de un genio. Un hombre capaz de traspasar las capas de la materia para observar la morada de la esencia humana. «Acertar y atinar la verdadera proporción de la levedad y la gravedad es el secreto de todas las cosas», nos dice el escritor serbio. Cada palabra, cada rincón sublime o secreto develado en La Mano de la Buena Fortuna ha sido calibrado con el ahínco de un artesano para darle al lector la posibilidad de emprender un viaje que jamás olvidará.

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